Evidencia

El cassette (II)

  20 de Marzo de 2018        Gabriel Bianchini

Tal y como lo anunciamos en anteriores entradas de este blog, transcribimos la grabación completa del mini cassette remitido a nosotros por un lector argentino desde Friburgo:

(Durante toda la grabación se escucha ruido de tránsito, bocinas, voces de transeúntes, etc.)

— ¿En serio piensa hacer esto, Kantor?

— Claramente. Es indispensable que cuanto antes empecemos a sistematizar todo lo que usted sepa del asunto. Y por algo hay que empezar, así que...

— ¿Y qué quiere que diga?

— Usted responda las preguntas, Julián, no pretenda explicarlo todo de una vez. Yo voy a tratar de guiarlo.

— Bueno, a ver… ¿Esto lleva cassettes?

— Sí, no tengo otra cosa. Mi celular está destruido. (Ruidos.) A ver… Empiece por contarme lo que sabe de estos “ofidios”, como usted los llama.

— No sé por dónde empezar. En realidad, bueno, usted los vio...

— Haga de cuenta que no. Trate de explicarlo como si yo no supiera nada.

— Son mitad hombre y mitad reptil. Y, por lo que sé, cada vez que aparecen, alguien está a punto de morir o desaparecer.

— ¿Usted los había visto antes?

— (Inaudible.) Muchas veces… (Silencio prolongado.) Desgraciadamente... muchas veces. Mire, Kantor, no sé si tiene mucho sentido grabar estas cosas. Hay asuntos de los que no conviene saber...

— No me explico qué asuntos sean esos. Acá, Julián, es evidente que existen personas y “criaturas”, no sé cómo llamarlas, que intentan justamente que determinados temas permanezcan ocultos. Nos han venido insistiendo con esa idea desde siempre. Fíjese por ejemplo en el cine, o en la literatura de terror: siempre hay una puerta que no debe ser atravesada, un libro que no debe ser leído, o una palabra que no debe ser pronunciada. De ser así, las consecuencias son, justamente, aterradoras, peores que la muerte. ¿Y por qué? Todo comienza con un hombre que quiere saber. Que quiere saber más. Está claro que esto perjudica a algún grupo de personas o seres que desde las sombras intentan limitar nuestra capacidad de entendimiento. Personas que se han encargado de que proliferen estas fábulas modernas cuya moraleja es que conviente ser un ignorante. Nosotros, Julián, usted y yo, vamos a combatir atravesando esas puertas, descifrando esos libros, y, desde ahora, grabando esas palabras no sólo en esta cinta, o en otras, sino también en las vidas de la gente que venga a pedirnos ayuda. ¿Me entiende?

— Al final esto era para que dijera algo yo y terminó hablando usted solo.

— (Ruido. Después, algo ininteligible.) ... que dejemos acá, por hoy.

— Lo invito a comer, acá hay un puesto de cho... (Aquí finaliza la grabación.)

No pudimos menos que conmovernos profundamente apenas oír este documento sonoro, de incalculable importancia. En primer lugar, porque nos da la certeza no sólo de que Atilio Kantor y Julián Acosta existieron, respiraron y dejaron su testimonio, sino que además no caben dudas de que tales eran sus nombres verdaderos.

Acerca de la reflexión de Kantor sobre un tópico que con frecuencia trataba en su blog, esto es, de su desprecio por el oscurantismo y la imposición sistemática de límites al conocimiento, nos permitimos transcribir algunas citas que no hacen más que ejemplificar la idea principal de esta especie de arenga dirigida a Julián Acosta (y a todos nosotros). Y vienen de parte ni más ni menos que de uno de los autores más representativos del género de terror:

Para la paz y la seguridad del género humano es absolutamente necesario que no sean perturbados algunos rincones sombríos y muertos de la tierra; de lo contrario quizá dormidas anomalías vuelvan a la vida y supervivencias blasfemas se deslicen desde sus oscuras madrigueras para intentar nuevas y más grandes conquistas.

H.P. Lovecraft, En las montañas de la locura

Por esta última razón apremio, con toda la fuerza de mi ser, para que se abandonen todos los intentos de desenterrar aquellos fragmentos de lo desconocido, cimientos primordiales que mi experiencia se dispuso a investigar.

H. P. Lovecraft, El abismo del tiempo

No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella.

H.P.Lovecraft, La llamada de Cthulhu

Los cultos lectores de Kantor y su archivo del misterio seguramente encontrarán más ejemplos y citas de este tipo. Esperamos con ansias esas contribuciones.

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